REFLEXIONEMOS 

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar es el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia, serán condiciones indispensables para el futuro. Un hijo forjará su carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad para resolver sus problemas, actuarán por determinación. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación. El límite de autoridad lo pone la siguiente regla: "La autoridad no debe humillar". Básicamente el niño o el joven de hoy, será el adulto del mañana. Queremos que nuestros hijos no sufran, entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos estarle evitando todo el tiempo posibles sufrimientos ¿si no cuándo aprenderá? Debe comprender los problemas de la vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a "sentir la falta de" y arreglárselas por sí mismos. Si no aprenden a carecer no aprenden a arreglárselas. Aunque tengamos para darles todo, los niños deben saber el valor de las cosas. Así aprenden a apreciar lo que tienen, aprenden a no ser ingratos y a gozar la vida con las cosas sencillas. Una excelente escuela para aprender a carecer es la mesa del hogar, la comida. "Mami... no me gustan las lentejas". Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA! ... ¡Las lentejas del refrigerador calentadas! Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.  Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener "dinero o propiedades", triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.

Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

 

Fernando Rodríguez

Director